Hay cosas que por mucho que te empeñes sabes que no lograrás evitarlas. Es inevitable que algo se acabe, todo lo que empieza finaliza, o ¿acaso hay algo que haya durado toda la eternidad? Los cigarros, las botellas, la batería de la cámara, la memoria del móvil, la tinta de un boli, el lápiz, el chocolate, los cuadernos, las modas, la vida, las relaciones, el sufrimiento, las ganas de liarla, las fiestas, el agua de las fuentes, las bombillas, las enfermedades, las pastillas, el dolor de cabeza, las películas, la fama, la inspiración, los días, el dinero, y un largo etcétera; que simplemente son cosas que acaban, o acaban contigo. Y aunque sabes que terminará te preguntas el por qué. Quizá cuando algo empieza puedes vivirlo intensamente porque no te imaginas un final. Piensas que va a ser una excepción y durará eternamente. Entonces, inevitablemente se acaba, y te duele. Te duele porque pensabas que iba a ser diferente. Pero te das cuenta de que todas las historias tan bonitas de la tele, o de la vida, tienen un final trágico, por una cosa u otra, pero que sin ese final no hubiesen sido tan bonitas. Y a lo largo de estos años locos lo que más claro me ha quedado es que nada, nada es para siempre, por mucho que quieras siempre va a pasar algo que lo termine, así que disfruta de ello el tiempo que lo tengas, fuera miedos, sácale partido. ¿Alguna vez te has parado a contar todas las cosas que has podido perder por orgullo o por vergüenza? Si lo piensas son muchas, así que el orgullo trágatelo de vez en cuando, que no engorda, y la vergüenza a la mierda
~El nunca, nunca se cumple, y el siempre, siempre termina~
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